El Stack Oaxaqueño: Soberanía digital, extractivismo y la defensa de los datos como bien común

El 13 de septiembre de 2026, doce organizaciones —SURCO entre ellas— entregaron el posicionamiento “Datos comunales, autonomía digital y la Ley General de Derechos de los Pueblos Indígenas y Afromexicanos” en el Foro de Tlalixtac, ante representantes del INPI. El documento llegó firmado por veintiséis organizaciones en total. Al día siguiente se ofreció una conferencia de prensa en el Zócalo de Oaxaca. Las demandas parten de una observación: la ley guarda silencio sobre los datos colectivos y sus formas de gobernanza. Se pueden resumir así: los pueblos y comunidades originarias y afromexicanas son titulares colectivos de sus datos, con consentimiento otorgado de forma colectiva y con salvaguardas específicas para mujeres y grupos históricamente excluidos. Ningún tercero, incluidas las empresas dueñas de modelos de inteligencia artificial, puede extraer o usar esos datos sin ese consentimiento, y las comunidades tienen derecho a saber qué se hace con su información, a intervenir en los algoritmos que operan sobre ella, y a contar con presupuesto e infraestructura propia para administrarla.

EL STACK

¿Por qué esta preocupación con los datos como bien común, y especialmente en conexión con los pueblos originarios? A veces pareciera que el mundo de los datos, y su derivado actual, la inteligencia artificial, son preocupaciones de un mundo altamente tecnificado, sin mucho que ver con la vida comunitaria, concebida a veces de forma bucólica y aparte del mundo industrial que teme su propia extinción a manos de la IA. La realidad es otra: las comunidades originarias son parte imprescindible de estas tecnologías. Y los datos que se extraen de nuestros dispositivos (por ejemplo celulares y computadoras) y de bancos de datos en manos de gobiernos, universidades, ONGs y empresas son solo una capa de la economía de datos.

Tomemos prestada de la jerga programadora la idea del stack —pila, o torre—: las capas de insumos necesarias para producir un programa. Benjamin Bratton, en su influyente libro The Stack: On Software and Sovereignty, usó esta metáfora para modelar el cómputo planetario global en seis capas, de la Tierra al Usuario. Nosotros vamos a construir nuestra propia pila, la que se ve desde Oaxaca: minerales, energía, territorio, mano de obra y datos. Cinco capas donde las comunidades originarias están presentes en todas, sin control sobre ninguna, y menos sobre la torre completa, que está en manos de un puñado de empresas: Nvidia controla el 92% del mercado de procesadores para centros de datos, TSMC produce entre el 65 y el 70% de los chips avanzados del mundo. Como describe el investigador Kyaw Jaw Sine Marma, “la soberanía ahora fluye a través de infraestructura por capas, controlada por unos cuantos actores corporativos y geopolíticos”. Podemos hablar entonces de una colonización algorítmica, que depende de la participación de los pueblos y, al mismo tiempo, de la negación de sus derechos en todas las capas.

MINERALES

Los minerales que hacen posible la infraestructura física vienen de operaciones mineras de todo el mundo: tierras raras, litio, oro, cobre, grafito, indispensables desde la producción de chips hasta el cableado de los centros de datos. Este extractivismo acecha a las comunidades de Oaxaca de forma concreta: hay indicios geológicos documentados de tierras raras en los Valles Centrales, y una empresa australiana ya explora grafito en territorio oaxaqueño con el proyecto Telix. En febrero de 2026, México firmó con Estados Unidos un Plan de Acción sobre Minerales Críticos que compromete el suministro antes siquiera de nombrar cuáles son esos minerales. Estos mismos minerales conectan la capa siguiente con esta: el neodimio y el disprosio son los elementos que hacen posibles los imanes permanentes de alto rendimiento que giran dentro de cada turbina eólica y que también aparecen en discos duros y sistemas de enfriamiento de los centros de datos. La minería en tierras comunales no solo alimenta los chips: alimenta también las aspas que ya giran en el Istmo.

ENERGÍA

El otro insumo de la base es la energía: desde combustibles fósiles como el petróleo y el gas natural hasta las llamadas energías renovables, que ocupan una porción creciente de territorios que alguna vez fueron comunales, de presas hidroeléctricas a parques eólicos. El Corredor Eólico del Istmo de Tehuantepec es el más grande de América Latina: 28 parques en operación, construidos en su mayoría sobre tierras binnizá e ikoots, con más de 12,000 hectáreas tomadas sin consulta adecuada según investigación de la UNAM. En San Dionisio del Mar se arrendaron 1,643 hectáreas comunales hasta por 30 años sin acuerdo real de los comuneros. Las empresas —Iberdrola, Acciona, Endesa— operan con financiamiento del Banco Mundial y el BID, y las ganancias, incluidas las del comercio de emisiones de carbono, se transfieren al país de origen de la inversión. Mientras tanto, el aumento en el consumo energético de los centros de datos supera por mucho cualquier conversión a energías limpias, agudizando la crisis climática. Las tierras de los pueblos originarios se ven afectadas tanto por el suministro como por sus consecuencias.

TERRITORIO

La mal llamada nube es la manifestación territorial de esta infraestructura: una red de centros de datos con una sed inmensa de energía y agua, siempre en busca de nuevas ubicaciones. En México se concentran en Querétaro, Jalisco y Nuevo León, pero ya se abren nuevos brotes para expandir la red, uno de ellos en el Istmo. El argumento oficial es que México no produce suficiente energía para sostener el boom de datos; para producir más, hay que expandir la generación hacia tierras comunales. Y ahí se encadena con lo demás: el Corredor Interoceánico, sus Polos de Desarrollo en territorio oaxaqueño, y la violencia que los acompaña —Juchitán es hoy el quinto municipio más violento de México, con la propia Fiscalía de Oaxaca reconociendo que la inseguridad creció por el proyecto.

MANO DE OBRA

La mano de obra de las comunidades también es un insumo. Está el trabajo pagado y precarizado: estudiantes y otras personas que resuelven tareas por encargo en plataformas digitales, una forma digitalizada de la economía informal al servicio de las empresas más grandes del planeta. Pero hay otra forma, más difícil de nombrar, que podemos llamar despojo del trabajo afectivo-comunitario: las horas invertidas de buena fe en documentar y digitalizar la cultura propia —videos, traducciones de libros a lenguas originarias, artículos de Wikipedia en zapoteco o mixe, la localización de Firefox que hizo Mozilla Nativo—. Las comunidades digitalizan para preservar su cultura; las grandes tecnológicas lo rastrean y absorben como insumo gratuito. Es trabajo voluntario, hecho para fortalecer la lengua, que los algoritmos devoran para entrenar y mejorar sistemas comerciales de IA sin retribución ni reconocimiento.

DATOS

Y así llegamos a la capa que se señaló ese día en el Zócalo: los datos. Creados y extraídos por dispositivos —celulares, relojes, cámaras—, por censos, y también por publicaciones, tesis de licenciatura, videos. Básicamente cualquier publicación que entra al mundo digital y que identifica a un pueblo o una comunidad construye esa imagen digital del pueblo, y se vuelve insumo para los sistemas de IA. Ya lo documentamos en esta serie: el modelo Whisper de OpenAI se entrenó con 680,000 horas de audio extraído de internet, buena parte de él registros lingüísticos de pueblos originarios tomados sin atribución, sin pago y sin consentimiento. Y el resultado de esa extracción no regresa a las comunidades: un estudio de 2025 encontró que los modelos comerciales más avanzados obtienen 2.4 sobre 10 en corrección gramatical al operar en lenguas originarias americanas. El zapoteco, el mixe y el chinanteco ni siquiera fueron evaluados. Nos toman la lengua para entrenar sistemas que después no nos entienden.

RESISTENCIAS

Existen movimientos y resistencias en cada nivel del stack: contra la minería de tierras raras, contra los parques eólicos del Istmo, contra el despojo territorial del Corredor Interoceánico. En ese sentido, la disputa por los datos se suma a una resistencia que ya se libra en todas las demás capas. Y esta lucha tiene dos caras: una contra la extracción de datos, y otra por la apropiación de los productos —los modelos— que se hicieron con la participación no reconocida de los pueblos en todo el stack, y que hoy controla un puñado de empresas.

La radio se inventó en 1895. Fue hasta 2014 que en México se reconocieron los derechos de los pueblos y comunidades sobre el espectro radioeléctrico. En este momento se está configurando la economía digital, con las empresas que extraen nuestros datos convertidas en las más ricas y poderosas del mundo. Queremos evitar que se tarde otros cien años en reconocer los derechos de los pueblos en una economía que los afecta de forma mucho más directa que la radio y la televisión.

Expresamos nuestra solidaridad con el compañero Misael Hernández, activista digital en lenguas indígenas, para que su hija y él se recuperen pronto, y para que se haga justicia contra los perpetradores de este cobarde atentado.


REFERENCIAS

Bratton, B. H. (2016). The Stack: On Software and Sovereignty. MIT Press.

Marma, K. J. S. (8 de julio de 2026). “Three Sovereignties, One AI: State, Corporate, and Indigenous Techno-Sovereignty.” Modern Diplomacy.

Radford, A., Kim, J. W., Xu, T., Brockman, G., McLeavey, C., & Sutskever, I. (2022). “Robust speech recognition via large-scale weak supervision.” arXiv preprint arXiv:2212.04356. [Whisper de OpenAI]

LLYC, BID Lab y Microsoft (2025). El desempeño de la inteligencia artificial en el uso de lenguas indígenas americanas. Banco Interamericano de Desarrollo.

UnoTV / Servicio Geológico Mexicano (29 de enero de 2026). Indicios geológicos de tierras raras en Oaxaca.

UAM / Fundación Heinrich Böll. Proyecto de grafito Telix, Azure Minerals, Oaxaca.

Infobae (6 de febrero de 2026). Plan de Acción México-Estados Unidos sobre Minerales Críticos.

Infobae (16 de octubre de 2025). “Tierras raras: los metales estratégicos clave para la tecnología del futuro.”

Istmo Press / Agenda Propia (25-26 de junio de 2026). “Las defensoras del viento en el Istmo de Tehuantepec.” Reproducido en La Verdad Juárez y LADO B.

Castillo, E. (UNAM), vía mapuche.info. “Istmo de Tehuantepec: Razones indígenas contra megaproyectos eólicos.”

Iberoamericana: Nordic Journal of Latin American and Caribbean Studies (2021). “Inversión en energías eólicas en el Istmo de Tehuantepec – continuidad del colonialismo interno en las disputas territoriales.”

Fiscalía General de Oaxaca (mayo de 2026). Reconocimiento del incremento de violencia en Juchitán vinculado al Corredor Interoceánico.

Posicionamiento “Datos comunales, autonomía digital y la Ley General de Derechos de los Pueblos Indígenas y Afromexicanos” (13 de septiembre de 2026), Foro de Tlalixtac.

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