Desarmar la Inteligencia Artificial

Cuando el satélite de Starlink ilumina un pueblo de la Sierra Norte de Oaxaca, no solo trae internet: trae algoritmos. La inteligencia artificial ya está aquí, operando en silencio en los filtros de moderación, las traducciones automáticas, las recomendaciones del feed. Quien usa redes ya está sujeto a decisiones tomadas por sistemas que no pertenecen a sus comunidades. La pregunta urgente no es cómo “digitalizarse”, sino quién controla esos sistemas, con qué datos se entrenan y para qué intereses sirven.

La inteligencia artificial es un sistema de procesamiento de datos que concentra poder en manos de corporaciones y Estados, reconfigurando nuestra realidad cotidiana. Su alcance va mucho más allá de las plataformas generativas como ChatGPT: hoy opera en la biometría de la CURP y los gobiernos digitales, en la logística de Mercado Libre y Temu, en la curaduría de nuestros feeds de redes sociales, en la supuesta ‘inteligencia’ de electrodomésticos y, hasta en la fijación de precios dinámicos para boletos del Mundial, de BTS o de Peso Pluma.

En las próximas dieciocho semanas, mapearemos este territorio: sus fundamentos técnicos, sus impactos reales, las resistencias que ya emergen y las rutas hacia un futuro distinto al diseñado por las corporaciones. Discutir si estamos ‘a favor’ o ‘en contra’ de la IA es un ejercicio obsoleto; los sistemas ya operan, dictando decisiones que moldean nuestra vida diaria. Lo urgente es interrogar: ¿quién controla estos mecanismos, con qué datos se nutren y para qué intereses trabajan? Y, crucialmente, ¿qué espacios de autonomía nos quedan a las comunidades, organizaciones y pueblos del sur de México? Este es un debate político sobre quién decide, quién gana y quién paga el precio. Nuestro aporte será ofrecer ideas, conceptos y argumentos para que, entre todes, construyamos el mundo que necesitamos vivir.

Nuestra voz en este debate nace de más de una década de trabajo en la intersección entre tecnologías de la información y autonomía comunitaria. En SURCO, hemos acompañado a radios comunitarias en su migración al software libre, desplegado servidores autónomos en la Sierra Norte y experimentado con redes locales que desafían la dependencia de la nube corporativa. En este recorrido, hemos aprendido a valorar el potencial liberador de estas herramientas: desde la infraestructura global que permitió al movimiento zapatista articularse, hasta las contra-narrativas visuales del 2006 que desafiaron la versión oficial del gobierno mexicano. Sin embargo, esa misma trayectoria nos enseñó a no perder de vista su otra cara: la capacidad de estas tecnologías para concentrar poder y silenciar voces.

Esa “otra cara” es estructural: la tecnología no surge del vacío si no que es producto de una sociedad profundamente  desigual,marcados de género, orígen y raza, y sustentada en la mano de obra precaria y gratuita de sus usuarios, especialmente en los trabajos de cuidado. La tecnología conserva estos sesgos y refuerza estas diferencias y jerarquías, blindando en contra de cualquier intento de cambio que perjudique a la élite en el poder. Ejemplos sobran, sobre todo en la Inteligencia Artificial: desde Palantir que se dedican a crear una red global de vigilancia al servicio del mayor postor (Siempre el gobierno de los EE,UU. y sus corporaciones), hasta los drones autónomos que usan algoritmos para identificar y eliminar objetivos.  incluso la sofisticada logística de Amazon y Mercado Libre que combina la logística técnica con una vigilancia sin precedentes  sobre sus trabajadores.  Desde esta historia de encuentros y desencuentros tecnológicos, y arraigados en el sur de México , buscamos comprender estas  consecuencias para trazar los caminos de apropiación y autonomía tecnológicas .  

Para nosotros, la urgencia es clara: se está construyendo una infraestructura global diseñada para someter la gobernanza a algoritmos, concentrada en manos de un puñado de personas mil-millonarias. Elon Musk, el hombre más rico del mundo, y empresas como OpenAI y Anthropic —esta última con una valoración de 950 mil millones de dólares en apenas tres años de existencia— representan una concentración de riqueza y poder que esta serie se propone cuestionar. Estados Unidos y China dominan el tablero, pero no son el mundo. Dentro de este panorama existen otras formas de relacionarse con los algoritmos y los datos: modelos que prioricen el acceso al conocimiento, la mejora de la vida cotidiana y el empoderamiento real de usuarios y comunidades. Cuando el papa León XIV llama a “desarmar la IA”, nombra esta misma urgencia desde otro lugar: la concentración de poder que estos sistemas habilitan exige una respuesta colectiva que cruce instituciones, fronteras y tradiciones.

Para desarmar algo, primero hay que entender cómo funciona. En la siguiente entrega mapearemos la geopolítica de la IA y sus implicaciones para el sur de México. Acompáñanos en el blog de INDIGITAL.

Oliver Frohling es cofundador y director de SURCO A.C. en Oaxaca, donde lleva tres décadas trabajando en la intersección entre movimientos sociales, tecnologías de información y autonomía comunitaria. Sus líneas de trabajo incluyen soberanía digital, justicia lingüística y crisis climática. 


Melquiades (Kiado) Cruz es coordinador de la iniciativa INDIGITAL de SURCO A.C. y organizador comunitario zapoteco originario de Yagavila, Sierra Norte de Oaxaca. Es impulsor de la iniciativa INDIGITAL y fellow del Digital Civil Society Lab de Stanford, donde desarrolla modelos de gobernanza comunitaria de datos para comunidades indígenas.

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